Desde el cielo, drones y satélites capturan datos de los cultivos. En la tierra, los algoritmos los convierten en decisiones clave. Así avanza la inteligencia artificial, con soluciones que combinan mapeo aéreo, software híbrido y agricultura de precisión.
Bajo esta premisa, y con la intención de contribuir a estudios de alto nivel sobre la proyección y el desarrollo de la producción agrícola en Chile, el Centro Nacional de Inteligencia Artificial ha trabajado en la combinación de imágenes satelitales gratuitas con modelos de IA para automatizar la delimitación y clasificación de zonas de cultivo, facilitando así la elaboración de catastros, la estimación de cosechas y el monitoreo del estado productivo a escala nacional.
En cuanto a las aplicaciones específicas en terreno, los primeros avances en IA aplicada a la agricultura se centraron en el reconocimiento automático de malezas en cultivos, una de las áreas más críticas para mejorar la eficiencia del uso de herbicidas. En ese contexto, destaca la investigación que comenzó en 2024, patrocinada por Dronespray, la que se ha enfocado en el análisis y control de malezas en cultivos de arroz, trigo y leguminosas mediante el uso de IA. Esta iniciativa es impulsada por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y la Subsecretaría de Agricultura, liderada por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), en colaboración con el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) y los Servicios de Asistencia Técnica de Agricultores del Maule y Ñuble.
Al ser consultada sobre las conclusiones más relevantes, Francesca Lucchini, Tech Lead de Transferencia Tecnológica de CENIA, afirma que se trata del impacto significativo que estas tecnologías pueden generar en el uso de pesticidas. “La combinación de drones e IA permite dirigir la aplicación de pesticidas exclusivamente a las zonas que lo requieren, en lugar de realizar tratamientos generalizados sobre toda la superficie”, y agrega que “esto conlleva beneficios concretos para la salud de los trabajadores, los consumidores y el medio ambiente, sin comprometer los tiempos operativos. Además, al reducir la cantidad de producto utilizado, esta aproximación contribuye directamente a la disminución de costos para el agricultor”.
Sus múltiples beneficios
Jaime Ramírez, representante regional de Ñuble y Biobío de la Fundación para la Innovación Agraria, comenta que el uso de IA abre oportunidades para alcanzar un mejor desempeño productivo, ya que facilita la anticipación de escenarios, la optimización de procesos y la democratización de información de alto valor. “Su adopción permite mejorar tanto la productividad como la competitividad a través de la optimización de procesos clave en diferentes áreas del agro. Entre los principales ámbitos de aplicación destacan el manejo productivo, la gestión eficiente de recursos hídricos y energéticos, la sanidad vegetal y animal, la trazabilidad y la toma de decisiones comerciales”, afirma Ramírez.
Sobre cómo funciona la integración de la inteligencia artificial en drones de uso agrícola, el ingeniero ambiental Jorge Álamos señala que esta tecnología “interpreta los entornos en base a sensores y algoritmos, lo que le permite identificar personas, animales, autos, cables y otros elementos. También se utiliza para analizar la salud de los cultivos y para identificar malezas en los campos. Toda la información se procesa con IA, y luego el dron tiene la capacidad de realizar aplicaciones basadas en esos datos”, indica el fundador de Dronespray.
Eficiencia en el agro: Software con IA optimiza el uso de tiempo, recursos e insumos
Con una trayectoria consolidada en mercados agrícolas líderes como Estados Unidos, Argentina y Brasil, PIX4Dfields llegó a Chile hace algunos años para posicionarse como un software avanzado de mapeo agrícola diseñado para el análisis aéreo de cultivos y aplicaciones de precisión. Mediante la integración de inteligencia artificial, este sistema compatible con tractores y pulverizadores teledirigidos puede realizar en minutos el conteo de cultivos, una tarea que manualmente podría tomar días, agilizando así las labores diarias y el trabajo en el campo.
A su vez, transforma imágenes capturadas por drones o satélites en mapas de alta precisión para la aplicación de fertilizantes, reguladores de crecimiento y productos de protección de cultivos. Esto reduce los costos de insumos y garantiza que se cumplan los estrictos estándares requeridos para los cultivos de exportación. “Al analizar conjuntos de datos de múltiples capas, la IA puede identificar el estrés fisiológico de las plantas, la falta precisa de agua o brotes incipientes de plagas mucho antes de que sean visibles para el ojo humano”, explica Andrés Fatoreto, Líder de Desarrollo Tecnológico para Latinoamérica de Pix4D.
Asimismo, Fatoreto afirma que, al permitir la pulverización localizada, esta herramienta puede reducir el volumen de herbicidas y pesticidas aplicados hasta en un 90%. “Esto mitiga directamente la escorrentía agrícola tóxica y disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas con los agroquímicos derivados de combustibles fósiles”.
Otra de sus ventajas es que este software puede usarse sin conexión a internet, lo que resulta especialmente útil en zonas con conectividad limitada o intermitente. Esto permite a los agricultores y prestadores de servicios analizar información de sus cultivos y tomar decisiones directamente en terreno, sin necesidad de trasladarse a una oficina ni esperar a subir los datos a la nube.
Innovación y adaptación: el camino hacia la modernización
Al ser consultada sobre los principales desafíos de la implementación de la IA en el agro, Francesca Lucchini, Tech Lead de Transferencia Tecnológica de CENIA, explica que uno de ellos es la biodiversidad vegetal, ya que las plantas cambian de forma, color y apariencia según su crecimiento y el entorno, lo que exige modelos de IA que se adapten a esta variabilidad. “Recomendamos contemplar etapas de validación y ajuste de la tecnología como parte integral de cualquier proceso de implementación, de modo que sea posible garantizar su desempeño en condiciones reales y diversas”.
Por su parte, Jorge Álamos sostiene que “la principal barrera es la información y el conocimiento: existen muchas herramientas con IA; sin embargo, su incorporación en el campo aún está en desarrollo. Desde Dronespray, estamos abordando este desafío a través de convenios educativos, como la alianza público-privada inédita en Chile que incorpora drones agrícolas en la enseñanza de liceos técnico-profesionales, para fortalecer la formación de los estudiantes y la empleabilidad rural”.
En esta misma línea, el representante regional de Ñuble y Biobío de FIA enfatiza que el desafío no es solo tecnológico, sino también cultural, territorial y de capacidades. “Para que la inteligencia artificial tenga una incorporación efectiva en el agro chileno, se requiere fortalecer simultáneamente la infraestructura rural, las competencias de los usuarios y un ecosistema de innovación que favorezca su adopción pertinente y sostenible”, afirma Jaime Ramírez.
A pesar de los desafíos en su integración, la inteligencia artificial y las herramientas de Agricultura 4.0 proyectan un agro chileno más eficiente, productivo y sostenible.

